Mensajepor adxrsi » Jue Nov 20, 2014 12:05 pm
“…Cierto día se presenta una anciana ante los encargados de conceder las audiencias. Era cara conocida, como que había estado ya con Eva unos días antes. Los empleados le dicen:
-Mire abuela, la señora no podrá recibirla hoy. Tiene mucho trabajo.
-Yo no quiero nada…Sólo quería verla a Evita. Por favor, déjeme verla…
Eva Perón, con el oído atento, ha escuchado el diálogo. Se asoma a la sala de espera y hace pasar a la anciana; cuando esta se va, lleva consigo una máquina de coser. Al fin de la jornada, el empleado de audiencias se acerca a Eva y le dice:
-Perdone señora…Yo no quería dejar pasar a la viejita porque en este mes ya ha venido dos veces y aprovechándose de su bondad ha conseguido dos máquinas de coser en vez de una. Se aprovecha de su bondad, señora.
Eva, con tristeza pero con energía le responde.
-Mirá…a estas pobres, durante siglos les han negado todo…todo, ¿entendés? Y ahora, vos te hacés problema porque agarra dos veces una misma cosa; al fin y al cabo sólo lleva un instrumento de trabajo.
Una visitadora social comprueba más tarde que la presunción generosa de Evita no ha sido defraudada: madre e hija pedaleaban infatigablemente en las dos máquinas.”