Cuando se compra un activo se asume un riesgo. Argentina quebró, y los acreedores tienen que hacerse cargo de sus malas inversiones. Cuando un país quiebra no hay nada que cobrar, hay que reestructurar y hacer una quita. Los que no aceptaron el canje tienen que tener igualdad de condiciones que los que lo aceptaron, porque sino se estaría beneficiando a más a los que no aceptaron que a los que sí aceptaron, y el principio de "igualdad" que señala Griesa carecería de sentido. El fallo es una paparruchada, y la capacidad negociadora de Argentina es otra paparruchada.
Lo correcto hubiera sido forzar a que los que están afuera acepten el canje, asumiendo que Argentina fue un país quebrado, sin capacidad de repago en 2002. El mundo necesita una ley de quiebras.
muy sensato este posteo