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Una pesada “mochila”
Un dato clave es que, al analizar los registros aduaneros, se observa que el valor al que llega este modelo “entry level” del iPhone 7 –antes de impuestos y de aranceles-, no supera los u$s560.
Al tipo de cambio oficial, esto implica que los teléfonos –que arriban al país vía aérea-, entran a la Aduana de Ezeiza a un precio equivalente de casi $8.800.
Esto significa que, a lo largo de toda la cadena, desde que se nacionaliza un equipo hasta el momento en que se pone a la venta en un estante, la cuenta se engrosa unos $19.100.
Es decir, toda la carga que se le aplica a este equipo más que duplica el valor al que este mismo dispositivo llega al país.
¿A qué responde tamaña diferencia? Según Carrier, “la mayor parte del precio final está explicada por la importante mochila impositiva, que representa cerca del 70% del valor de venta".
Carrier detalla que el “castigo” que sufre el iPhone es un resumen de la pesada carga que también impacta sobre otros bienes de consumo, sean producidos o no localmente.
En el caso del teléfono de Apple, todo arranca con un arancel externo del 16%. Luego se suma un 21% de impuestos internos y un 21% de IVA.
“Como son tributos que se aplican, en algunos casos, unos sobre otros y de forma sucesiva a lo largo de la cadena, terminan teniendo un peso importante”, señala.
Recientemente, el propio jefe de Gabinete, Marcos Peña, salió a reconocer que "la presión fiscal todavía es muy alta en la Argentina” y que “requiere un debate muy profundo con la reforma impositiva que a lo largo del año se irá planteando”.
En el país, de hecho, la presión tributaria es 14 puntos superior que en el caso de Chile, con el agregado de que la mayoría de los bienes de consumo –desde electrónica hasta indumentaria- ingresan a la nación vecina con un arancel del 0%, mientras que aquí –salvo el caso de las portátiles- continúan estando protegidas.
A esto, según Carrier, “hay que sumar un larga lista de costos, como es el caso de los logísticos y los de comercialización, más el margen y los gastos asociados con el servicio técnico", que incluye capacitación y la compra de piezas extra para tener repuestos.
El directivo de la compañía que produce en Tierra del Fuego suma el impacto de otras cargas, como es el caso del alquiler y el costo laboral, “que no sólo incluye el salario y los aportes. También hay que considerar el alto nivel de ausentismo que hay en la Argentina, así como la industria del juicio, que también termina impactando”.
A este combo de variables, el directivo le agrega otra que es fundamental: la inflación, que todavía se mueve en niveles elevados, a diferencia de lo que ocurre en otros mercados.
“El Gobierno apuesta a que el índice se ubique por debajo del 20% anual, pero todavía hay dudas de que esto pueda lograrse. Por eso, las cadenas de retail muchas veces se cubren y fijan un valor que funciona como cobertura, para no tener que retocar los precios cada dos o tres meses”, agrega.
Respecto del impacto que el iPhone pueda tener sobre las empresas que producen a nivel local, Federico Hellemeyer, presidente de AFARTE, entidad que nuclea a compañías que operan en el polo fueguino, afirma que “evidentemente, el regreso de estos teléfonos inquietará a las marcas que compiten en ese segmento".
“Tal vez canibalice algunos productos que pelean en la alta gama. Sin embargo, lo que esperamos es que en realidad canibalice más al mercado ilegal, que es una competencia desleal para nosotros”, señala Hellemeyer.
Más allá de este debate, hay consenso de que, a estos valores, este equipo claramente quedará "encapsulado" en un nicho.
En los próximos días, operadoras de telefonía celular comenzarán a ofrecer el iPhone a sus abonados. La expectativa está puesta en cuáles serán los precios y si serán muy diferentes a los que se conocieron para unidades liberadas.
Precios que, apenas se conocieron, causaron bronca entre los particulares pero que generaron algo de "alivio" entre algunos empresarios locales, que aseguran que ahora hay menos argumentos para echarles la culpa de que la Argentina sea uno de los países más caros del mundo para adquirir productos electrónicos.