Mensajepor bigbang » Dom May 22, 2016 11:02 am
Las protestas contra el actual presidente Temer enmarcan una crisis política y económica que recién está empezando.
Esto recién empieza
Bastiondigital.com
Gabriel Puricelli Yanéz
El reemplazo de Dilma por su vicepresidente Michel Temer, cuya popularidad es insignificante, es una fuga hacia adelante que podrá cambiar el elenco, pero no poner freno al desbarranque económico. Si el reemplazo resultara frágil, no hay que descartar el adelantamiento de las elecciones, que normalmente deberían realizarse recién a fines de 2018. Para esa eventualidad, el maltrecho PT aún tiene la bala de plata de Lula, a quien los acusadores de Dilma temen enfrentar. La crisis brasileña, que ya lleva tantos meses, no está tal vez más que empezando.
"No seré un presidente sustituto. Dejaré un legado" le dice Frank Underwood a su esposa Claire en la tercera temporada de House of Cards. El diálogo es perfectamente transferible a Temer y a su joven esposa Marcela. Se trataría de la ambición de ser un Itamar Franco que entregue el gobierno en enero de 2019 en un Brasil estabilizado; con una izquierda derrotada y el fantasma de la vuelta de Lula exorcizado por un gran pacto de centroderecha, preferentemente liderado por el PMDB y el ruralismo, y auxiliado por un accidentado PSDB.
Un problema de gobernabilidad
es global . organización
Valeria Saccone
Las sospechas de corrupción ensombrecen al gobierno de Temer. El nuevo presidente también enfrenta un proceso de impeachment iniciado en la Corte Suprema por las mismas razones que han salpicado a Rousseff. Tampoco se puede pasar por alto que siete ministros recién nombrados están investigados por corrupción. Temer tiene que lidiar con un problema estructural de gobernabilidad: el 60% de los parlamentarios brasileños afrontan causas penales que van desde el fraude electoral hasta el homicidio.