GGAL Grupo Financiero Galicia
Re: GGAL Grupo Financiero Galicia
va a ser una semanita intensa parece...
Re: GGAL Grupo Financiero Galicia
estefan23 escribió: ↑ Para leer con atención![]()
El Rescate de Enero
Anatomía de una intervención coordinada en los mercados de metales preciosos.
En la historia de los mercados financieros, las intervenciones más efectivas son aquellas que se disfrazan de accidentes. El viernes 31 de enero de 2026, el mundo presenció lo que se presentó como un colapso histórico en los precios del oro y la plata. La narrativa oficial habló de corrección técnica, toma de ganancias y gestión de riesgo. La realidad, como suele ocurrir en las altas finanzas, es considerablemente más calculada.
I. La anatomía de una crisis conveniente
Durante las primeras horas del viernes, mientras Europa dormía y América despertaba, los mercados asiáticos operaban con normalidad aparente. La plata cotizaba con ganancias superiores al diez por ciento, continuando un rally que había llevado los precios a máximos históricos. El oro mantenía su fortaleza. Nada en los fundamentos sugería lo que vendría.
Entonces, la Bolsa de Futuros de Shanghái tomó una decisión extraordinaria: suspendió la cotización de plata. No hubo explicación inmediata, no hubo precedente reciente para tal medida. En los mercados financieros, donde la información es poder, el silencio es la forma más elocuente de comunicación entre quienes entienden el juego.
Horas después, el CME Group de Chicago anunció un incremento en los márgenes de garantía para futuros de plata: del once al quince por ciento para perfiles de riesgo estándar, del doce al dieciséis y medio por ciento para perfiles elevados. La noticia llegó un viernes por la tarde, cuando los equipos de gestión de riesgo operan con personal reducido y la capacidad de reacción institucional es mínima.
Lo que siguió fue predecible para cualquier estudiante de estructura de mercados. Las llamadas de margen se multiplicaron exponencialmente. Los traders sin capital adicional para cubrir las nuevas exigencias enfrentaron liquidaciones forzosas. La plata se desplomó veintisiete por ciento en una sola sesión. El oro perdió diecisiete por ciento. Fueron las caídas más pronunciadas en la historia moderna de ambos metales.
II. La geografía del beneficio
Para comprender quién se beneficia de un evento de mercado, resulta instructivo examinar quién sufría antes de que ocurriera. Durante las semanas previas al colapso, los principales bancos de lingotes del mundo occidental mantenían posiciones cortas históricas en metales preciosos. JPMorgan, HSBC, y otras instituciones de primera línea habían apostado contra el rally, y el rally les estaba destruyendo.
Las posiciones cortas en metales preciosos funcionan de manera particular. Cuando el precio sube, las pérdidas no tienen techo teórico. Un banco con mil millones de dólares en posiciones cortas de plata a ochenta dólares la onza enfrenta pérdidas catastróficas si el precio alcanza ciento veinte. No se trata de porcentajes de cartera; se trata de supervivencia institucional.
El viernes 31 de enero, esas posiciones cortas pudieron cerrarse. No con ganancias, ciertamente, pero tampoco con las pérdidas existenciales que amenazaban días antes. Un banco que había vendido plata en corto a noventa dólares pudo cubrir a setenta y ocho. Lo que era una crisis se convirtió en una pérdida manejable. Lo que era un incendio se redujo a cenizas frías.
III. El calendario como evidencia
Los mercados de metales preciosos operan según ritmos estacionales que cualquier analista competente conoce. India, el mayor consumidor de oro del mundo y segundo en plata, entra en temporada alta de demanda física durante las semanas previas al presupuesto de la Unión, tradicionalmente presentado el primer día de febrero. Los joyeros acumulan inventario. Los importadores anticipan aranceles. La demanda se dispara.
China, el otro gigante del consumo físico, celebra el Año Nuevo Lunar el diecisiete de febrero de este año. Las dos semanas anteriores constituyen el período de compra más intenso del calendario chino. El oro se regala, se invierte, se atesora. Es tradición milenaria convertida en demanda mensurable.
El mundo árabe, desde Dubai hasta Riad, se prepara para el Ramadán, que comienza el veintiocho de febrero. Los regalos de Eid tradicionales incluyen joyería de oro. Los comerciantes del zoco anticipan sus compras.
Pakistán, Bangladesh, el sudeste asiático: todos entran simultáneamente en períodos de demanda elevada. Febrero de 2026 representa la confluencia perfecta de ciclos de consumo en las regiones que absorben más del sesenta por ciento del oro y plata físicos del planeta.
El colapso del viernes ocurrió precisamente cuarenta y ocho horas antes de este tsunami de demanda. La coincidencia temporal es, como mínimo, notable.
IV. La prueba del domingo
El domingo primero de febrero, la bolsa MCX de India abrió una sesión especial por víspera del presupuesto. Los márgenes habían sido elevados más allá del sesenta y cinco por ciento. Los corredores enviaban llamadas de margen masivas. Las condiciones estaban diseñadas para maximizar la presión vendedora.
La plata abrió en el límite inferior de fluctuación permitida. Las liquidaciones forzosas se ejecutaron con precisión mecánica. Todo el aparato del mercado financiero empujaba los precios hacia abajo.
Y sin embargo, los precios no cayeron más.
Con todo el peso institucional presionando hacia abajo, con márgenes diseñados para forzar ventas, con una sesión de liquidez reducida que amplifica cualquier movimiento, el mercado encontró compradores. Alguien absorbió cada contrato que las liquidaciones forzosas arrojaban al mercado. Los joyeros de Bombay, los importadores de Delhi, los comerciantes del Bazar de Zaveri compraron el pánico de los especuladores occidentales.
El diferencial de precios entre India y los mercados occidentales se amplió a quince por ciento, cuando lo normal oscila entre cinco y diez. En términos de mercado, ese diferencial es un grito: la demanda física supera con creces la capacidad de presión del papel.
V. La mecánica del rescate
Un rescate financiero tradicional involucra transferencias visibles: dinero público hacia instituciones privadas, garantías gubernamentales, líneas de crédito de emergencia. Estas operaciones requieren votaciones parlamentarias, comunicados de prensa, justificaciones políticas. Son costosas en capital democrático.
El rescate del viernes 31 de enero operó con elegancia superior. No hubo transferencias de dinero público. No hubo comunicados. No hubo votaciones. Simplemente, los reguladores de los mercados de derivados ajustaron parámetros técnicos, y la cascada resultante transfirió riqueza de una clase de participantes a otra.
Los perdedores fueron traders minoristas, fondos de cobertura pequeños, especuladores apalancados sin acceso a líneas de crédito de emergencia. Los ganadores fueron las instituciones demasiado grandes para quebrar, cuyos departamentos de riesgo recibieron la llamada antes que el resto del mercado, cuyas líneas de crédito permitieron aguantar las llamadas de margen que destruyeron a competidores más pequeños.
La transferencia de riesgo se completó sin que ningún contribuyente firmara un cheque. Los costos fueron socializados a través de la mecánica del mercado mismo. Es la forma más refinada de intervención: aquella que se disfraza de accidente natural.
VI. El silencio de los corderos
En las horas posteriores al colapso, la cobertura mediática siguió un patrón familiar. Los titulares hablaron de volatilidad, de corrección técnica, de toma de ganancias tras máximos históricos. Analistas de bancos de inversión, empleados de las mismas instituciones que se beneficiaron del movimiento, explicaron con tono pedagógico por qué la caída era natural e inevitable.
Ningún medio de comunicación financiera occidental conectó los puntos obvios: la suspensión china, el aumento de márgenes, el timing previo a febrero, la posición de los bancos de lingotes. La narrativa se estableció antes de que las preguntas pudieran formularse.
En India, donde millones de ciudadanos vieron evaporarse valor de sus ahorros en cuestión de horas, la discusión fue diferente. En China, donde la suspensión de la bolsa precedió el colapso, los foros financieros especularon abiertamente sobre coordinación. Pero estas voces no alcanzan las páginas del Financial Times ni los estudios de Bloomberg.
VII. Lecciones de poder
Henry Kissinger observó que el poder es el afrodisíaco definitivo. En los mercados financieros modernos, el poder no se ejerce mediante la fuerza bruta de comprar o vender. Se ejerce mediante el control de las reglas del juego: quién puede participar, con qué apalancamiento, bajo qué márgenes, en qué horarios.
El evento del viernes 31 de enero de 2026 no fue un colapso. Fue una demostración. Una exhibición de capacidad para mover mercados globales mediante la coordinación de decisiones aparentemente técnicas, tomadas por reguladores aparentemente independientes, en jurisdicciones aparentemente soberanas.
Los mercados de metales preciosos representan una amenaza particular para el sistema financiero basado en moneda fiduciaria. Cuando el oro y la plata suben, expresan una pérdida de confianza en las promesas de los bancos centrales. Cuando suben demasiado rápido, esa pérdida de confianza se vuelve visible, discutible, peligrosa.
El mensaje del viernes fue claro para quienes saben leerlo: los mercados de metales preciosos operan bajo supervisión. Los rallies serán tolerados hasta cierto punto. Más allá de ese punto, existen mecanismos de corrección que no requieren aprobación democrática.
Esta noche, cuando los mercados asiáticos abran y el diferencial entre India y Occidente comience a comprimirse, observaremos la siguiente fase de este episodio. Los precios probablemente se recuperarán, porque la demanda física no desaparece por decreto regulatorio. Febrero seguirá siendo febrero. Las bodas indias requerirán oro. El Año Nuevo chino demandará regalos tradicionales. El Ramadán traerá compradores a los zocos.
Pero el rescate habrá cumplido su función. Los bancos occidentales habrán cerrado sus posiciones cortas. Las pérdidas existenciales se habrán convertido en pérdidas manejables. Y la narrativa oficial registrará únicamente un episodio de volatilidad en mercados de materias primas, una corrección técnica tras máximos históricos, un evento sin autor ni beneficiario identificable.
En los intersticios entre lo que se dice y lo que ocurre, entre la narrativa oficial y la mecánica real del poder, habita la verdad de los mercados financieros contemporáneos. El viernes 31 de enero no fue el día en que el oro y la plata colapsaron. Fue el día en que fueron rescatados quienes apostaron contra ellos.
Andy Spinelli
Silver city, 1 de febrero de 2026
Muy interesante este articulo
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napolitano
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Re: GGAL Grupo Financiero Galicia
Scrat escribió: ↑ https://www.youtube.com/watch?v=gpDo994wkzk
Si todo sigue igual, el oro debería seguir subiendo.
En otra escala, el mundo esta siguiendo la teoría kuka, mas deuda, mas emisión, mas inflación... No es malo...![]()
Si a eso se le suma la realidad geopolítica actual, pareciera que hay un solo camino.
Los comodities y las acciones emergentes deberían ser![]()
el trump kuka quiere abaratar el dolar para hacer crecer sus exportaciones.
y si baja el dolar, todo lo que cotiza en dolares ficticiamente sube, en realidad todo se equilibra
Re: GGAL Grupo Financiero Galicia
https://www.youtube.com/watch?v=gpDo994wkzk
Si todo sigue igual, el oro debería seguir subiendo.
En otra escala, el mundo esta siguiendo la teoría kuka, mas deuda, mas emisión, mas inflación... No es malo...
Si a eso se le suma la realidad geopolítica actual, pareciera que hay un solo camino.
Los comodities y las acciones emergentes deberían ser
Si todo sigue igual, el oro debería seguir subiendo.
En otra escala, el mundo esta siguiendo la teoría kuka, mas deuda, mas emisión, mas inflación... No es malo...
Si a eso se le suma la realidad geopolítica actual, pareciera que hay un solo camino.
Los comodities y las acciones emergentes deberían ser
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napolitano
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Re: GGAL Grupo Financiero Galicia
En sesion especial hoy,la bolsa de la India abrio y el oro

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napolitano
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Re: GGAL Grupo Financiero Galicia
Bochaterow escribió: ↑ EL ORO FISICO EN argentina te lo vendian hasta el jueves aun poco menos del valor de la onza en practicamente todos lados con entrega inmediata
no te hablo de oro minorista
fijate en el mundo la falta de stock de oro fisico y plata en la entrega mayorista
https://www.youtube.com/watch?v=96uOYfcbH6g
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Bochaterow
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Re: GGAL Grupo Financiero Galicia
napolitano escribió: ↑ ningun colapso, fue toma de ganancia despues de 20 dias vertiginosos de suba
oro y plata a precios de enero.
mientras el dolar baje, todo lo que cotiza en dolares subira
maxime teniendo en cuenta que el metal fisico no esta en boveda, si pedis oro fisico te tardan 3 o 4 semanas, casi 2 meses para la plata, ni hablar platino
cuando el rey esta desnudo, puede haber una suba mayor
a comprar desde martes o miercoles
EL ORO FISICO EN argentina te lo vendian hasta el jueves aun poco menos del valor de la onza en practicamente todos lados con entrega inmediata
Re: GGAL Grupo Financiero Galicia
napolitano escribió: ↑ ningun colapso, fue toma de ganancia despues de 20 dias vertiginosos de suba
oro y plata a precios de enero.
mientras el dolar baje, todo lo que cotiza en dolares subira
maxime teniendo en cuenta que el metal fisico no esta en boveda, si pedis oro fisico te tardan 3 o 4 semanas, casi 2 meses para la plata, ni hablar platino
cuando el rey esta desnudo, puede haber una suba mayor
a comprar desde martes o miercoles
Q t haces el comprador de oro, plata y nose q mas.
Decadente sos peroncho vividor.
Volve a la cucha.
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napolitano
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Re: GGAL Grupo Financiero Galicia
ningun colapso, fue toma de ganancia despues de 20 dias vertiginosos de suba
oro y plata a precios de enero.
mientras el dolar baje, todo lo que cotiza en dolares subira
maxime teniendo en cuenta que el metal fisico no esta en boveda, si pedis oro fisico te tardan 3 o 4 semanas, casi 2 meses para la plata, ni hablar platino
cuando el rey esta desnudo, puede haber una suba mayor
a comprar desde martes o miercoles
oro y plata a precios de enero.
mientras el dolar baje, todo lo que cotiza en dolares subira
maxime teniendo en cuenta que el metal fisico no esta en boveda, si pedis oro fisico te tardan 3 o 4 semanas, casi 2 meses para la plata, ni hablar platino
cuando el rey esta desnudo, puede haber una suba mayor
a comprar desde martes o miercoles
Re: GGAL Grupo Financiero Galicia
Para leer con atención
El Rescate de Enero

Anatomía de una intervención coordinada en los mercados de metales preciosos.
En la historia de los mercados financieros, las intervenciones más efectivas son aquellas que se disfrazan de accidentes. El viernes 31 de enero de 2026, el mundo presenció lo que se presentó como un colapso histórico en los precios del oro y la plata. La narrativa oficial habló de corrección técnica, toma de ganancias y gestión de riesgo. La realidad, como suele ocurrir en las altas finanzas, es considerablemente más calculada.
I. La anatomía de una crisis conveniente
Durante las primeras horas del viernes, mientras Europa dormía y América despertaba, los mercados asiáticos operaban con normalidad aparente. La plata cotizaba con ganancias superiores al diez por ciento, continuando un rally que había llevado los precios a máximos históricos. El oro mantenía su fortaleza. Nada en los fundamentos sugería lo que vendría.
Entonces, la Bolsa de Futuros de Shanghái tomó una decisión extraordinaria: suspendió la cotización de plata. No hubo explicación inmediata, no hubo precedente reciente para tal medida. En los mercados financieros, donde la información es poder, el silencio es la forma más elocuente de comunicación entre quienes entienden el juego.
Horas después, el CME Group de Chicago anunció un incremento en los márgenes de garantía para futuros de plata: del once al quince por ciento para perfiles de riesgo estándar, del doce al dieciséis y medio por ciento para perfiles elevados. La noticia llegó un viernes por la tarde, cuando los equipos de gestión de riesgo operan con personal reducido y la capacidad de reacción institucional es mínima.
Lo que siguió fue predecible para cualquier estudiante de estructura de mercados. Las llamadas de margen se multiplicaron exponencialmente. Los traders sin capital adicional para cubrir las nuevas exigencias enfrentaron liquidaciones forzosas. La plata se desplomó veintisiete por ciento en una sola sesión. El oro perdió diecisiete por ciento. Fueron las caídas más pronunciadas en la historia moderna de ambos metales.
II. La geografía del beneficio
Para comprender quién se beneficia de un evento de mercado, resulta instructivo examinar quién sufría antes de que ocurriera. Durante las semanas previas al colapso, los principales bancos de lingotes del mundo occidental mantenían posiciones cortas históricas en metales preciosos. JPMorgan, HSBC, y otras instituciones de primera línea habían apostado contra el rally, y el rally les estaba destruyendo.
Las posiciones cortas en metales preciosos funcionan de manera particular. Cuando el precio sube, las pérdidas no tienen techo teórico. Un banco con mil millones de dólares en posiciones cortas de plata a ochenta dólares la onza enfrenta pérdidas catastróficas si el precio alcanza ciento veinte. No se trata de porcentajes de cartera; se trata de supervivencia institucional.
El viernes 31 de enero, esas posiciones cortas pudieron cerrarse. No con ganancias, ciertamente, pero tampoco con las pérdidas existenciales que amenazaban días antes. Un banco que había vendido plata en corto a noventa dólares pudo cubrir a setenta y ocho. Lo que era una crisis se convirtió en una pérdida manejable. Lo que era un incendio se redujo a cenizas frías.
III. El calendario como evidencia
Los mercados de metales preciosos operan según ritmos estacionales que cualquier analista competente conoce. India, el mayor consumidor de oro del mundo y segundo en plata, entra en temporada alta de demanda física durante las semanas previas al presupuesto de la Unión, tradicionalmente presentado el primer día de febrero. Los joyeros acumulan inventario. Los importadores anticipan aranceles. La demanda se dispara.
China, el otro gigante del consumo físico, celebra el Año Nuevo Lunar el diecisiete de febrero de este año. Las dos semanas anteriores constituyen el período de compra más intenso del calendario chino. El oro se regala, se invierte, se atesora. Es tradición milenaria convertida en demanda mensurable.
El mundo árabe, desde Dubai hasta Riad, se prepara para el Ramadán, que comienza el veintiocho de febrero. Los regalos de Eid tradicionales incluyen joyería de oro. Los comerciantes del zoco anticipan sus compras.
Pakistán, Bangladesh, el sudeste asiático: todos entran simultáneamente en períodos de demanda elevada. Febrero de 2026 representa la confluencia perfecta de ciclos de consumo en las regiones que absorben más del sesenta por ciento del oro y plata físicos del planeta.
El colapso del viernes ocurrió precisamente cuarenta y ocho horas antes de este tsunami de demanda. La coincidencia temporal es, como mínimo, notable.
IV. La prueba del domingo
El domingo primero de febrero, la bolsa MCX de India abrió una sesión especial por víspera del presupuesto. Los márgenes habían sido elevados más allá del sesenta y cinco por ciento. Los corredores enviaban llamadas de margen masivas. Las condiciones estaban diseñadas para maximizar la presión vendedora.
La plata abrió en el límite inferior de fluctuación permitida. Las liquidaciones forzosas se ejecutaron con precisión mecánica. Todo el aparato del mercado financiero empujaba los precios hacia abajo.
Y sin embargo, los precios no cayeron más.
Con todo el peso institucional presionando hacia abajo, con márgenes diseñados para forzar ventas, con una sesión de liquidez reducida que amplifica cualquier movimiento, el mercado encontró compradores. Alguien absorbió cada contrato que las liquidaciones forzosas arrojaban al mercado. Los joyeros de Bombay, los importadores de Delhi, los comerciantes del Bazar de Zaveri compraron el pánico de los especuladores occidentales.
El diferencial de precios entre India y los mercados occidentales se amplió a quince por ciento, cuando lo normal oscila entre cinco y diez. En términos de mercado, ese diferencial es un grito: la demanda física supera con creces la capacidad de presión del papel.
V. La mecánica del rescate
Un rescate financiero tradicional involucra transferencias visibles: dinero público hacia instituciones privadas, garantías gubernamentales, líneas de crédito de emergencia. Estas operaciones requieren votaciones parlamentarias, comunicados de prensa, justificaciones políticas. Son costosas en capital democrático.
El rescate del viernes 31 de enero operó con elegancia superior. No hubo transferencias de dinero público. No hubo comunicados. No hubo votaciones. Simplemente, los reguladores de los mercados de derivados ajustaron parámetros técnicos, y la cascada resultante transfirió riqueza de una clase de participantes a otra.
Los perdedores fueron traders minoristas, fondos de cobertura pequeños, especuladores apalancados sin acceso a líneas de crédito de emergencia. Los ganadores fueron las instituciones demasiado grandes para quebrar, cuyos departamentos de riesgo recibieron la llamada antes que el resto del mercado, cuyas líneas de crédito permitieron aguantar las llamadas de margen que destruyeron a competidores más pequeños.
La transferencia de riesgo se completó sin que ningún contribuyente firmara un cheque. Los costos fueron socializados a través de la mecánica del mercado mismo. Es la forma más refinada de intervención: aquella que se disfraza de accidente natural.
VI. El silencio de los corderos
En las horas posteriores al colapso, la cobertura mediática siguió un patrón familiar. Los titulares hablaron de volatilidad, de corrección técnica, de toma de ganancias tras máximos históricos. Analistas de bancos de inversión, empleados de las mismas instituciones que se beneficiaron del movimiento, explicaron con tono pedagógico por qué la caída era natural e inevitable.
Ningún medio de comunicación financiera occidental conectó los puntos obvios: la suspensión china, el aumento de márgenes, el timing previo a febrero, la posición de los bancos de lingotes. La narrativa se estableció antes de que las preguntas pudieran formularse.
En India, donde millones de ciudadanos vieron evaporarse valor de sus ahorros en cuestión de horas, la discusión fue diferente. En China, donde la suspensión de la bolsa precedió el colapso, los foros financieros especularon abiertamente sobre coordinación. Pero estas voces no alcanzan las páginas del Financial Times ni los estudios de Bloomberg.
VII. Lecciones de poder
Henry Kissinger observó que el poder es el afrodisíaco definitivo. En los mercados financieros modernos, el poder no se ejerce mediante la fuerza bruta de comprar o vender. Se ejerce mediante el control de las reglas del juego: quién puede participar, con qué apalancamiento, bajo qué márgenes, en qué horarios.
El evento del viernes 31 de enero de 2026 no fue un colapso. Fue una demostración. Una exhibición de capacidad para mover mercados globales mediante la coordinación de decisiones aparentemente técnicas, tomadas por reguladores aparentemente independientes, en jurisdicciones aparentemente soberanas.
Los mercados de metales preciosos representan una amenaza particular para el sistema financiero basado en moneda fiduciaria. Cuando el oro y la plata suben, expresan una pérdida de confianza en las promesas de los bancos centrales. Cuando suben demasiado rápido, esa pérdida de confianza se vuelve visible, discutible, peligrosa.
El mensaje del viernes fue claro para quienes saben leerlo: los mercados de metales preciosos operan bajo supervisión. Los rallies serán tolerados hasta cierto punto. Más allá de ese punto, existen mecanismos de corrección que no requieren aprobación democrática.
Esta noche, cuando los mercados asiáticos abran y el diferencial entre India y Occidente comience a comprimirse, observaremos la siguiente fase de este episodio. Los precios probablemente se recuperarán, porque la demanda física no desaparece por decreto regulatorio. Febrero seguirá siendo febrero. Las bodas indias requerirán oro. El Año Nuevo chino demandará regalos tradicionales. El Ramadán traerá compradores a los zocos.
Pero el rescate habrá cumplido su función. Los bancos occidentales habrán cerrado sus posiciones cortas. Las pérdidas existenciales se habrán convertido en pérdidas manejables. Y la narrativa oficial registrará únicamente un episodio de volatilidad en mercados de materias primas, una corrección técnica tras máximos históricos, un evento sin autor ni beneficiario identificable.
En los intersticios entre lo que se dice y lo que ocurre, entre la narrativa oficial y la mecánica real del poder, habita la verdad de los mercados financieros contemporáneos. El viernes 31 de enero no fue el día en que el oro y la plata colapsaron. Fue el día en que fueron rescatados quienes apostaron contra ellos.
Andy Spinelli
Silver city, 1 de febrero de 2026
El Rescate de Enero
Anatomía de una intervención coordinada en los mercados de metales preciosos.
En la historia de los mercados financieros, las intervenciones más efectivas son aquellas que se disfrazan de accidentes. El viernes 31 de enero de 2026, el mundo presenció lo que se presentó como un colapso histórico en los precios del oro y la plata. La narrativa oficial habló de corrección técnica, toma de ganancias y gestión de riesgo. La realidad, como suele ocurrir en las altas finanzas, es considerablemente más calculada.
I. La anatomía de una crisis conveniente
Durante las primeras horas del viernes, mientras Europa dormía y América despertaba, los mercados asiáticos operaban con normalidad aparente. La plata cotizaba con ganancias superiores al diez por ciento, continuando un rally que había llevado los precios a máximos históricos. El oro mantenía su fortaleza. Nada en los fundamentos sugería lo que vendría.
Entonces, la Bolsa de Futuros de Shanghái tomó una decisión extraordinaria: suspendió la cotización de plata. No hubo explicación inmediata, no hubo precedente reciente para tal medida. En los mercados financieros, donde la información es poder, el silencio es la forma más elocuente de comunicación entre quienes entienden el juego.
Horas después, el CME Group de Chicago anunció un incremento en los márgenes de garantía para futuros de plata: del once al quince por ciento para perfiles de riesgo estándar, del doce al dieciséis y medio por ciento para perfiles elevados. La noticia llegó un viernes por la tarde, cuando los equipos de gestión de riesgo operan con personal reducido y la capacidad de reacción institucional es mínima.
Lo que siguió fue predecible para cualquier estudiante de estructura de mercados. Las llamadas de margen se multiplicaron exponencialmente. Los traders sin capital adicional para cubrir las nuevas exigencias enfrentaron liquidaciones forzosas. La plata se desplomó veintisiete por ciento en una sola sesión. El oro perdió diecisiete por ciento. Fueron las caídas más pronunciadas en la historia moderna de ambos metales.
II. La geografía del beneficio
Para comprender quién se beneficia de un evento de mercado, resulta instructivo examinar quién sufría antes de que ocurriera. Durante las semanas previas al colapso, los principales bancos de lingotes del mundo occidental mantenían posiciones cortas históricas en metales preciosos. JPMorgan, HSBC, y otras instituciones de primera línea habían apostado contra el rally, y el rally les estaba destruyendo.
Las posiciones cortas en metales preciosos funcionan de manera particular. Cuando el precio sube, las pérdidas no tienen techo teórico. Un banco con mil millones de dólares en posiciones cortas de plata a ochenta dólares la onza enfrenta pérdidas catastróficas si el precio alcanza ciento veinte. No se trata de porcentajes de cartera; se trata de supervivencia institucional.
El viernes 31 de enero, esas posiciones cortas pudieron cerrarse. No con ganancias, ciertamente, pero tampoco con las pérdidas existenciales que amenazaban días antes. Un banco que había vendido plata en corto a noventa dólares pudo cubrir a setenta y ocho. Lo que era una crisis se convirtió en una pérdida manejable. Lo que era un incendio se redujo a cenizas frías.
III. El calendario como evidencia
Los mercados de metales preciosos operan según ritmos estacionales que cualquier analista competente conoce. India, el mayor consumidor de oro del mundo y segundo en plata, entra en temporada alta de demanda física durante las semanas previas al presupuesto de la Unión, tradicionalmente presentado el primer día de febrero. Los joyeros acumulan inventario. Los importadores anticipan aranceles. La demanda se dispara.
China, el otro gigante del consumo físico, celebra el Año Nuevo Lunar el diecisiete de febrero de este año. Las dos semanas anteriores constituyen el período de compra más intenso del calendario chino. El oro se regala, se invierte, se atesora. Es tradición milenaria convertida en demanda mensurable.
El mundo árabe, desde Dubai hasta Riad, se prepara para el Ramadán, que comienza el veintiocho de febrero. Los regalos de Eid tradicionales incluyen joyería de oro. Los comerciantes del zoco anticipan sus compras.
Pakistán, Bangladesh, el sudeste asiático: todos entran simultáneamente en períodos de demanda elevada. Febrero de 2026 representa la confluencia perfecta de ciclos de consumo en las regiones que absorben más del sesenta por ciento del oro y plata físicos del planeta.
El colapso del viernes ocurrió precisamente cuarenta y ocho horas antes de este tsunami de demanda. La coincidencia temporal es, como mínimo, notable.
IV. La prueba del domingo
El domingo primero de febrero, la bolsa MCX de India abrió una sesión especial por víspera del presupuesto. Los márgenes habían sido elevados más allá del sesenta y cinco por ciento. Los corredores enviaban llamadas de margen masivas. Las condiciones estaban diseñadas para maximizar la presión vendedora.
La plata abrió en el límite inferior de fluctuación permitida. Las liquidaciones forzosas se ejecutaron con precisión mecánica. Todo el aparato del mercado financiero empujaba los precios hacia abajo.
Y sin embargo, los precios no cayeron más.
Con todo el peso institucional presionando hacia abajo, con márgenes diseñados para forzar ventas, con una sesión de liquidez reducida que amplifica cualquier movimiento, el mercado encontró compradores. Alguien absorbió cada contrato que las liquidaciones forzosas arrojaban al mercado. Los joyeros de Bombay, los importadores de Delhi, los comerciantes del Bazar de Zaveri compraron el pánico de los especuladores occidentales.
El diferencial de precios entre India y los mercados occidentales se amplió a quince por ciento, cuando lo normal oscila entre cinco y diez. En términos de mercado, ese diferencial es un grito: la demanda física supera con creces la capacidad de presión del papel.
V. La mecánica del rescate
Un rescate financiero tradicional involucra transferencias visibles: dinero público hacia instituciones privadas, garantías gubernamentales, líneas de crédito de emergencia. Estas operaciones requieren votaciones parlamentarias, comunicados de prensa, justificaciones políticas. Son costosas en capital democrático.
El rescate del viernes 31 de enero operó con elegancia superior. No hubo transferencias de dinero público. No hubo comunicados. No hubo votaciones. Simplemente, los reguladores de los mercados de derivados ajustaron parámetros técnicos, y la cascada resultante transfirió riqueza de una clase de participantes a otra.
Los perdedores fueron traders minoristas, fondos de cobertura pequeños, especuladores apalancados sin acceso a líneas de crédito de emergencia. Los ganadores fueron las instituciones demasiado grandes para quebrar, cuyos departamentos de riesgo recibieron la llamada antes que el resto del mercado, cuyas líneas de crédito permitieron aguantar las llamadas de margen que destruyeron a competidores más pequeños.
La transferencia de riesgo se completó sin que ningún contribuyente firmara un cheque. Los costos fueron socializados a través de la mecánica del mercado mismo. Es la forma más refinada de intervención: aquella que se disfraza de accidente natural.
VI. El silencio de los corderos
En las horas posteriores al colapso, la cobertura mediática siguió un patrón familiar. Los titulares hablaron de volatilidad, de corrección técnica, de toma de ganancias tras máximos históricos. Analistas de bancos de inversión, empleados de las mismas instituciones que se beneficiaron del movimiento, explicaron con tono pedagógico por qué la caída era natural e inevitable.
Ningún medio de comunicación financiera occidental conectó los puntos obvios: la suspensión china, el aumento de márgenes, el timing previo a febrero, la posición de los bancos de lingotes. La narrativa se estableció antes de que las preguntas pudieran formularse.
En India, donde millones de ciudadanos vieron evaporarse valor de sus ahorros en cuestión de horas, la discusión fue diferente. En China, donde la suspensión de la bolsa precedió el colapso, los foros financieros especularon abiertamente sobre coordinación. Pero estas voces no alcanzan las páginas del Financial Times ni los estudios de Bloomberg.
VII. Lecciones de poder
Henry Kissinger observó que el poder es el afrodisíaco definitivo. En los mercados financieros modernos, el poder no se ejerce mediante la fuerza bruta de comprar o vender. Se ejerce mediante el control de las reglas del juego: quién puede participar, con qué apalancamiento, bajo qué márgenes, en qué horarios.
El evento del viernes 31 de enero de 2026 no fue un colapso. Fue una demostración. Una exhibición de capacidad para mover mercados globales mediante la coordinación de decisiones aparentemente técnicas, tomadas por reguladores aparentemente independientes, en jurisdicciones aparentemente soberanas.
Los mercados de metales preciosos representan una amenaza particular para el sistema financiero basado en moneda fiduciaria. Cuando el oro y la plata suben, expresan una pérdida de confianza en las promesas de los bancos centrales. Cuando suben demasiado rápido, esa pérdida de confianza se vuelve visible, discutible, peligrosa.
El mensaje del viernes fue claro para quienes saben leerlo: los mercados de metales preciosos operan bajo supervisión. Los rallies serán tolerados hasta cierto punto. Más allá de ese punto, existen mecanismos de corrección que no requieren aprobación democrática.
Esta noche, cuando los mercados asiáticos abran y el diferencial entre India y Occidente comience a comprimirse, observaremos la siguiente fase de este episodio. Los precios probablemente se recuperarán, porque la demanda física no desaparece por decreto regulatorio. Febrero seguirá siendo febrero. Las bodas indias requerirán oro. El Año Nuevo chino demandará regalos tradicionales. El Ramadán traerá compradores a los zocos.
Pero el rescate habrá cumplido su función. Los bancos occidentales habrán cerrado sus posiciones cortas. Las pérdidas existenciales se habrán convertido en pérdidas manejables. Y la narrativa oficial registrará únicamente un episodio de volatilidad en mercados de materias primas, una corrección técnica tras máximos históricos, un evento sin autor ni beneficiario identificable.
En los intersticios entre lo que se dice y lo que ocurre, entre la narrativa oficial y la mecánica real del poder, habita la verdad de los mercados financieros contemporáneos. El viernes 31 de enero no fue el día en que el oro y la plata colapsaron. Fue el día en que fueron rescatados quienes apostaron contra ellos.
Andy Spinelli
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