También será decisivo, por supuesto, detectar el tipo de vínculo que Capitanich mantendrá con el nuevo ministro de Economía, Axel Kicillof. El desplazamiento de Lorenzino hacia funciones subalternas y la promoción de Kicillof son una burla para quienes habían apostado a que, porque pagó algunos arbitrajes del Ciadi, Cristina Kirchner encararía una normalización de las relaciones con el Fondo Monetario Internacional y con los mercados de deuda. Ella contestó a ese fetichismo encumbrando al representante más nítido del estatismo oficial: el ex gerente financiero de Aerolíneas y el capitán de la confiscación de YPF (a propósito: si Miguel Galuccio sigue soñando con un acuerdo con Repsol, desde anoche deberá revisar su fantasía). Síntesis: la Presidenta ratificó que encarará el tramo final de su administración insistiendo en su propia identidad. Otra alegría para su hijo, que suele monitorear las ideas del nuevo ministro con la ayuda de su amigo camporista Eduardo "Wado" De Pedro.
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