Re: Actualidad y política
Publicado: Jue Ene 31, 2013 10:10 pm
EJERCICIO DE LA MEMORIA:
El estimado forista "Cafrune" ha traído a cuenta las circunstancias inmediatas que antecedieron a la muerte del honroso Dr. Favaloro. Yo recuerdo que por aquellos tiempos discrepaba sobremanera con las opiniones públicas que vertía el Dr. en los medios, pero no me sentía en absoluto enfrentado a él sino, todo lo contrario, respetaba a la persona y a la divergencia porque de fondo había nobleza...
En éste mismo foro de Rava, en correspondencia con la triste noticia de su muerte, publiqué un posteo que ahora copio y pego desde mis archivos (que han sabido resistir mejor al tiempo que el server de Rava que se volatilizó con la memoria acumulada...)
Me gustaría que alguno de los mercenarios que deambulan por aquí fuera capaz también de transcribir sus posteos públicos de aquellos tiempos (si es que tien historia debieran poder hacerlo)...
Aquí va la memoria que para eso sirve cuando es completa:
"LLUEVE EN BUENOS AIRES...
Eso me dicen.. aquí, en Córdoba de la Nueva Andalucía, un sol esplendoroso lo baña todo, oculta sombras mientras fabrica otras.
Uno puede decirse que tarea tan rutinaria no debiera llamarle la atención. La vida, hasta donde la conocemos funciona de esta manera y bueno es saberlo para no esperar la luz cuando cantada viene la sombra.
Llueve en Buenos Aires y no hay ejércitos de sombras proclamando nuevos santos, no hay políticos de pacotilla acercándose al féretro digno de René Favaloro.
Quien sostiene que quitarse la vida voluntariamente es cosa de cobardes no entiende nada de la vida.
Llueve en Buenos Aires y no hay By-pass para parar la lluvia, no hay puente ni roto ni sano que nos permita cruzar el abismo de las ausencias necesarias.
Mañana hablaran los infames de siempre, los que glorificaron la idiotez a los límites de la alienación de una sociedad enferma a fuerza de enfermarla. Cómplices de la decadencia, del mal gusto, del sometimiento y de la entrega
miraran las cámaras con el mayor de los cinismos y simularán la congoja que sólo reservan para evaluar el poder que les falta para ser más poderosos que el poderoso más próximo.
Llueve en Buenos Aires y un hombre bueno ya no está con nosotros.
Entre tanta bala disparada al pensamiento, al esfuerzo, al estudio, al trabajo, a la investigación una, que por certera no tan perdida, le perforó el pecho a René Favaloro.
Muy querido Dr. Favaloro, por su hombría de bien, por su calidad de persona, por la vida vivida toda para usted la lluvia de Buenos Aires.
Transcribo del diario la Nación del día de la fecha un breve detalle de su vida:
René Gerónimo Favaloro nació en La Plata el 14 de julio de 1923. Su papá era
carpintero ebanista y su madre, modista. Estudió en el Colegio Nacional de la
Universidad de La Plata, donde le atrajeron tanto las ciencias biológicas como
la formación humanística. Allí tuvo entre sus profesores a intelectuales
eminentes como el dominicano Pedro Henríquez Ureña -a quien dedicaría un libro,
"Don Pedro y la educación"- o Ezequiel Martínez Estrada, el autor de
"Radiografía de La Pampa". Allí, Favaloro fue celador y con ese sueldo -para él,
mucho dinero, 55,20 pesos cuando el tranvía le salía cinco centavos- se costeaba
sus estudios y ayudaba a sus padres. "En mis tres años de celador, jamás
amonesté o suspendí a algún alumno. Todo lo arreglábamos hablando, comúnmente en
clase, en ocasiones a solas en la galería, en el patio durante el recreo."
Al concluir en 1941, ingresó en Medicina en la Universidad de La Plata.
Caminando por el bosque de esa ciudad, se decía que quizá, con un poco de
esfuerzo, podría constituirse en el primero de su clase. "Sentía la necesidad de
ser el primero, sin que ello implicara arrogancia o soberbia; era una profunda
necesidad espiritual que debía satisfacer a través de una entrega absoluta y en
competencia leal." Al tomar contacto con los enfermos, su vocación se acrecentó.
En el Hospital Policlínico de La Plata realizó el internado y pasaba horas y
horas atendiendo a pacientes de Ensenada, de Berisso y de lugares más distantes
de La Plata. Graduado en 1948, pensó que seguiría allí su carrera. Pero su
reticencia a firmar que aceptaba la doctrina del gobierno peronista y algunos
factores familiares incidieron para que no persistiera en un cargo de médico
interno auxiliar.
En 1950 partió para Jacinto Aráuz, un pueblo de La Pampa, donde ganaría una
riquísima experiencia como médico rural y elaboraría una filosofía de la vida en
el trato con la gente sencilla y sus dramas cotidianos.
En 1962 viajaría a Cleveland, Ohio, donde se especializó en cirugía torácica.
Permaneció diez años en los EE. UU. y allí desarrolló el trabajo fundamental de
su carrera profesional: la cirugía directa de revascularización miocárdica,
conocida como by- pass aortocoronario. Allá escribió su libro "Tratamiento
quirúrgico de la arteriosclerosis coronaria", editado en Baltimore, en 1970.
Vuelto al país como una personalidad reconocida, fue jefe de diagnóstico y
tratamientos de Enfermedades Torácicas y Cardiovasculares de la Fundación
Güemes. Por su prestigio, integró sociedades científicas nacionales y
extranjeras, cuya nómina sería imposible detallar. Así, fue profesor visitante
de la Universidad de Toronto en 1975 y declarado doctor honoris causa en
filosofía por la Universidad de Tel Aviv en 1980.
Sintió la necesidad de volcar sus conocimientos. Tras haber sido profesor
asociado en la Universidad de Córdoba, en 1977 fue profesor de Cirugía Cardíaca
en la del Salvador, y en 1983 consultor de Cirugía en la UBA, que años después
lo designaría profesor honorario. En 1975 empezó la Fundación Favaloro para
fomentar la docencia y la investigación. En 1992, lanzó allí el Instituto de
Cardiología y Cirugía Cardiovascular, que en apenas ocho meses llevaba hechas
1000 operaciones -incluyendo algunos trasplantes de corazón-, cuando en 1993
inició su instituto universitario. Favaloro hizo miles de operaciones, escribió
350 trabajos científicos y se metió intensamente en los problemas de las
sociedad. Decía lo que pensaba, aunque causara revuelo y reacciones. En mayo de
1999, indicó que no pasaría nada si se cerraran facultades de Medicina porque
"tenemos médicos a rolete que no encuentran dónde trabajar". Hombre
temperamental, admitió que era un exabrupto, pero señaló: "Sólo uno de cada
cuatro o cinco de los graduados tiene acceso a una residencia para su
capacitación. El problema no es sólo que hay muchos médicos sino que no tienen
la posibilidad de acceder a una buena formación. Un gran porcentaje no está
capacitado para ejercer".
Los temas sociales siempre lo impresionaron y así cuestionó la comercialización
de la medicina, ya que "el médico está pensando más en la cuestión económica de
la empresa, que les impone un límite de gastos, que en su paciente". Le
angustiaba no hallar la mejor solución para una salud para todos. Su actividad
fue muy intensa. Escribió un libro sobre San Martín, compartió actos benéficos
con Luis Landriscina y el padre Mamerto Menapace, era un lector apasionado. No
trasnochaba; estaba en la clínica muy temprano. Viudo, no tuvo hijos. Pero crió
como propios a los cuatro de un hermano que murió joven. "Dios sabe lo que
hace", decía.
El año último comentó a La Nación: "Ojalá me recuerden como docente, no como
famoso cirujano. Para eso vivo. Esa es mi pasión"."
El estimado forista "Cafrune" ha traído a cuenta las circunstancias inmediatas que antecedieron a la muerte del honroso Dr. Favaloro. Yo recuerdo que por aquellos tiempos discrepaba sobremanera con las opiniones públicas que vertía el Dr. en los medios, pero no me sentía en absoluto enfrentado a él sino, todo lo contrario, respetaba a la persona y a la divergencia porque de fondo había nobleza...
En éste mismo foro de Rava, en correspondencia con la triste noticia de su muerte, publiqué un posteo que ahora copio y pego desde mis archivos (que han sabido resistir mejor al tiempo que el server de Rava que se volatilizó con la memoria acumulada...)
Me gustaría que alguno de los mercenarios que deambulan por aquí fuera capaz también de transcribir sus posteos públicos de aquellos tiempos (si es que tien historia debieran poder hacerlo)...
Aquí va la memoria que para eso sirve cuando es completa:
"LLUEVE EN BUENOS AIRES...
Eso me dicen.. aquí, en Córdoba de la Nueva Andalucía, un sol esplendoroso lo baña todo, oculta sombras mientras fabrica otras.
Uno puede decirse que tarea tan rutinaria no debiera llamarle la atención. La vida, hasta donde la conocemos funciona de esta manera y bueno es saberlo para no esperar la luz cuando cantada viene la sombra.
Llueve en Buenos Aires y no hay ejércitos de sombras proclamando nuevos santos, no hay políticos de pacotilla acercándose al féretro digno de René Favaloro.
Quien sostiene que quitarse la vida voluntariamente es cosa de cobardes no entiende nada de la vida.
Llueve en Buenos Aires y no hay By-pass para parar la lluvia, no hay puente ni roto ni sano que nos permita cruzar el abismo de las ausencias necesarias.
Mañana hablaran los infames de siempre, los que glorificaron la idiotez a los límites de la alienación de una sociedad enferma a fuerza de enfermarla. Cómplices de la decadencia, del mal gusto, del sometimiento y de la entrega
miraran las cámaras con el mayor de los cinismos y simularán la congoja que sólo reservan para evaluar el poder que les falta para ser más poderosos que el poderoso más próximo.
Llueve en Buenos Aires y un hombre bueno ya no está con nosotros.
Entre tanta bala disparada al pensamiento, al esfuerzo, al estudio, al trabajo, a la investigación una, que por certera no tan perdida, le perforó el pecho a René Favaloro.
Muy querido Dr. Favaloro, por su hombría de bien, por su calidad de persona, por la vida vivida toda para usted la lluvia de Buenos Aires.
Transcribo del diario la Nación del día de la fecha un breve detalle de su vida:
René Gerónimo Favaloro nació en La Plata el 14 de julio de 1923. Su papá era
carpintero ebanista y su madre, modista. Estudió en el Colegio Nacional de la
Universidad de La Plata, donde le atrajeron tanto las ciencias biológicas como
la formación humanística. Allí tuvo entre sus profesores a intelectuales
eminentes como el dominicano Pedro Henríquez Ureña -a quien dedicaría un libro,
"Don Pedro y la educación"- o Ezequiel Martínez Estrada, el autor de
"Radiografía de La Pampa". Allí, Favaloro fue celador y con ese sueldo -para él,
mucho dinero, 55,20 pesos cuando el tranvía le salía cinco centavos- se costeaba
sus estudios y ayudaba a sus padres. "En mis tres años de celador, jamás
amonesté o suspendí a algún alumno. Todo lo arreglábamos hablando, comúnmente en
clase, en ocasiones a solas en la galería, en el patio durante el recreo."
Al concluir en 1941, ingresó en Medicina en la Universidad de La Plata.
Caminando por el bosque de esa ciudad, se decía que quizá, con un poco de
esfuerzo, podría constituirse en el primero de su clase. "Sentía la necesidad de
ser el primero, sin que ello implicara arrogancia o soberbia; era una profunda
necesidad espiritual que debía satisfacer a través de una entrega absoluta y en
competencia leal." Al tomar contacto con los enfermos, su vocación se acrecentó.
En el Hospital Policlínico de La Plata realizó el internado y pasaba horas y
horas atendiendo a pacientes de Ensenada, de Berisso y de lugares más distantes
de La Plata. Graduado en 1948, pensó que seguiría allí su carrera. Pero su
reticencia a firmar que aceptaba la doctrina del gobierno peronista y algunos
factores familiares incidieron para que no persistiera en un cargo de médico
interno auxiliar.
En 1950 partió para Jacinto Aráuz, un pueblo de La Pampa, donde ganaría una
riquísima experiencia como médico rural y elaboraría una filosofía de la vida en
el trato con la gente sencilla y sus dramas cotidianos.
En 1962 viajaría a Cleveland, Ohio, donde se especializó en cirugía torácica.
Permaneció diez años en los EE. UU. y allí desarrolló el trabajo fundamental de
su carrera profesional: la cirugía directa de revascularización miocárdica,
conocida como by- pass aortocoronario. Allá escribió su libro "Tratamiento
quirúrgico de la arteriosclerosis coronaria", editado en Baltimore, en 1970.
Vuelto al país como una personalidad reconocida, fue jefe de diagnóstico y
tratamientos de Enfermedades Torácicas y Cardiovasculares de la Fundación
Güemes. Por su prestigio, integró sociedades científicas nacionales y
extranjeras, cuya nómina sería imposible detallar. Así, fue profesor visitante
de la Universidad de Toronto en 1975 y declarado doctor honoris causa en
filosofía por la Universidad de Tel Aviv en 1980.
Sintió la necesidad de volcar sus conocimientos. Tras haber sido profesor
asociado en la Universidad de Córdoba, en 1977 fue profesor de Cirugía Cardíaca
en la del Salvador, y en 1983 consultor de Cirugía en la UBA, que años después
lo designaría profesor honorario. En 1975 empezó la Fundación Favaloro para
fomentar la docencia y la investigación. En 1992, lanzó allí el Instituto de
Cardiología y Cirugía Cardiovascular, que en apenas ocho meses llevaba hechas
1000 operaciones -incluyendo algunos trasplantes de corazón-, cuando en 1993
inició su instituto universitario. Favaloro hizo miles de operaciones, escribió
350 trabajos científicos y se metió intensamente en los problemas de las
sociedad. Decía lo que pensaba, aunque causara revuelo y reacciones. En mayo de
1999, indicó que no pasaría nada si se cerraran facultades de Medicina porque
"tenemos médicos a rolete que no encuentran dónde trabajar". Hombre
temperamental, admitió que era un exabrupto, pero señaló: "Sólo uno de cada
cuatro o cinco de los graduados tiene acceso a una residencia para su
capacitación. El problema no es sólo que hay muchos médicos sino que no tienen
la posibilidad de acceder a una buena formación. Un gran porcentaje no está
capacitado para ejercer".
Los temas sociales siempre lo impresionaron y así cuestionó la comercialización
de la medicina, ya que "el médico está pensando más en la cuestión económica de
la empresa, que les impone un límite de gastos, que en su paciente". Le
angustiaba no hallar la mejor solución para una salud para todos. Su actividad
fue muy intensa. Escribió un libro sobre San Martín, compartió actos benéficos
con Luis Landriscina y el padre Mamerto Menapace, era un lector apasionado. No
trasnochaba; estaba en la clínica muy temprano. Viudo, no tuvo hijos. Pero crió
como propios a los cuatro de un hermano que murió joven. "Dios sabe lo que
hace", decía.
El año último comentó a La Nación: "Ojalá me recuerden como docente, no como
famoso cirujano. Para eso vivo. Esa es mi pasión"."

