Mensajepor Shakespeare » Dom Nov 11, 2012 1:56 pm
Otra vez fue la Clase Mielda. Esa de la que provienen las principales espadas intelectuales K (de la cuál reniegan, por descomprometida, liviana y superficial). Otra vez una muchedumbre de burgueses, qeu en lugar de pedir revolución, setentismo, paredón a genocidas y por el proletariado, fueron a manifestar su hartazgo y saturación. A pedir una serie de cosas (bastante desconexas entre sí porque común denominador no hubo), pero con las pelotas muy llenas y un malestar en la economía familiar que se empieza a sentir. Y muchos de los que salieron a la calle la votaron, al calor de la nube de pedos de consumo, tarjetazo y un poquito de condolencia por esa viuda que mojaba en lágrimas su luto. Otra vez, la dinámica evapora un gran respaldo en las urnas, como ya le pasó a De la Rúa. Una presidenta populista, inepta para gestionar y con pavura a pagar costos políticos. Su mayor anhelo, es no asumir costos tomando medidas sanas aunque impopulares. Hace kircherismo básico: patear hacia adelante los problemas. Pero los costos le están llegando. Con la inflación. Con el bochorno internacional nunca visto. Con el mundo financiero que empieza a facturarle todas las canalladas y las sacadas de pie del plato.
Otra vez la Clase Mielde se pone a la cabeza de los reclamos. En algún momento no tan lejano, se sumarán los sectores bajos, cuando la inflación los termine de estragar. Gramsi sabía muy bien del valor de la burguesía, ya que pregonaba la revolución inoculando el marxismo en las altas esferas (en especial, las universidades). El Peronismo mantiene silencio mientras contempla el barco a la deriva. El peronismo jamás fue ni acompañó provocaciones estériles o ruinosas contra sus propios intereses. La secta neomarxista seguirá doblando apuestas, en su ineptitud. Porque un jacobino, cuando se revela impotente, lo que más desea, es irse envuelto en la gloria y echado por zancadillas destituyentes. La dinámica política y económica acelera fuerte. El cuadro de divisas se perfila muy álgido para generar dólares con la pérdida de competitividad a pasos acelerados del neokeynesianismo de cotillón. En última instancia, tendrán siempre a mano el sueño de terminar, el sueño romántico, épico y heroico, como un remedo burdo de Salvador Allende. Para el orto, pero entusiasmados. Para el culo, pero con las botas puestas.