profiterol escribió:Es desagradable como, al no poder esconder la corrupciòn, se la quiera tomar como una condición normal: no lo es, es una perversidad individual y social.-
Mientras la elecciòn de los dirigentes no se base en cuestiones como la honestidad y la inteligencia, nunca habrá avance alguno.-
Ser honesto no es de ninguna manera una mediocridad. Es una virtud. Y triunfar en este mundo sin renegar de los idelaes, exige más estudio, más trabajo, incluso más valentía. El otro camino es el corto, el de la complicidad, al alcance de cualquier enano moral. En todo caso una mayor habilidad en el liliuputiense ético podrá cambiar su posiciòn relativa en la Corte de los Corruptos.-
Es la defensa de la vieja concepciòn del sofista Trasímaco, “la justicia es un modo de servir los propios intereses, que son los intereses del o de los que tienen el poder". Desde los albores de la civilizaciòn eso fue discutido, para lo cual nada mejor que releer "La Repùblica", de Platón.-
Es cierto que la sociedad argentina no es un dechado de virtudes morales y las la castas politicas y sindicales son emergentes y una demostraciòn de ello, pero hay mucha gente que tiene valores y los pantalones bien puestos, especialmente en la clase trabajadora.-
Una sociedad donde la corrupciòn es un paradigma tarde o temprano se desbarranca y en el camino acrecienta la perversidad, contagiando a los que mas puede de la ceguera moral. Como dijo Cristo, según Mateo. ...Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. -
¡APLAUSOS!