Voy a contar una anécdota personal así todos nos reímos un poco.
Hace muchos años, aquí en Buenos Aires, hubo un día en que la sensación térmica llegó a -10 °C (sí, diez bajo cero). En mi cuarto tengo uno de esos paneles cerámicos que calientan algo, pero no mucho, entonces en invierno me abrigo para dormir.
Ese día no había manera de entrar en calor. Ya tenía puestos dos sweaters y nada. Era como estar en un freezer. ¿Entonces qué hice? Como practico montañismo, tengo una bolsa de dormir para -15, así que me levanté, busqué la bolsa, la extendí sobre la cama, me metí y santo remedio. Hasta me tuve que sacar los sweaters del calor que tenía.
No digo que vamos a eso, pero por las dudas, en mi próximo viaje laboral a Santiago, creo que me traeré uno de esos pijamas de polar.
