Mensajepor verdolaga » Dom Abr 15, 2012 2:51 pm
Veo que estan hablando de los setentas y se me ocurre compartir algo que vengo pensando hace rato. La permanente búsqueda de justicia es válida. yo no sufrí directamente lo que ocurrió en esa época lo que no me impide tratar de entender el dolor de los que sí fueron víctimas.
Lo que sucede es que de seguir revisando lo ocurrido buscando culpables y su posterior castigo, como corresponde, nos puede poner en el brete de tener que llevar al banquillo de los acusados a los entregadores (obispos, sindicalistas, empresarios y políticos de esa época). Luego el turno sería de los indiferentes, los que sabiendo no hicieron nada para frenar esa matanza. Lo que quiero decir es que corremos el riesgo de quedar empantanados en el pasado sin mirar los desafíos del presente.
En última instancia la búsqueda de justicia no es un valor absoluto. Al respecto recomiendo ver y volver a ver el film El mercader de Venecia o sino, mejor leer la historia original. Digo porque la paradoja de Shilock en la cual el protagonista queda encerrado por un juramento a ejecutar un contrato de préstamo a cambio de una libra de carne es irresoluble, a menos que intervenga la misericordia. En cambio, Shilock se aferra a su exigencia de justicia y termina perdiendo todas sus posesiones.
Para que nadie se confunda: no abogo por la impunidad. Pero las heridas de la sociedad deben ser cerradas aunque todos sabemos que es un tema muy difícil. Repito que para mí es fácil decirlo porque no pasé por situaciones terribles como otros. Pero toda esa energía debería ser canalizada hacia la solución de los problemas acuciantes de mucha gente que hoy la está pasando mal, acá en Buenos Aires y el resto del país.
De seguir así, seguiremos atrapados en el pasado. Superarlo no significa olvidarlo sino trascenderlo y controlar el odio y el dolor que tengamos. El mejor homenaje a los desaparecidos es trabajar para un país para todos.
De seguir insistiendo en poner este tema en el centro de la agenda los tribunales estarán atestados de sospechosos de toda índole y hasta una simple foto será motivo de imputación. Y allí no se salvan ni los Kirchner.
En el fondo, la cuestión de los derechos humanos violados en los setentas y la cuestión Malvinas operan como cuestiones pendientes que, lejos de unirnos más, al quedar irresueltas ocupan nuestra atención y nos desvían del propósito de construir una nación con iguales oportunidades para todos sus habitantes.