Mensajepor atrevido » Mié Ene 23, 2008 4:49 pm
Ventajas y desventajas de manipular los índices
La falsificación de los datos de la evolución del costo de vida sólo es efectiva si logra engañar a los actores económicos
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¡Cómo han cambiado las cosas en la Argentina! Se decía que hace unos 80 años le editaban al Presidente un diario especial con todas noticias de su agrado. Ahora es al revés: es el gobierno quien quiere que el resto de los argentinos creamos tal cosa. Me refiero, por supuesto al control y manipulación de los índices de precios elaborados por el Indec. Estas acciones, sin embargo, plantean al gobierno un dilema: ¿puede lo virtual tener impacto en el mundo real?
Archiconocidos son los inconvenientes que generan los controles de precios. El libro Cuatro mil años de controles de precios y salarios , de Schuettinger y Butler, ha expuesto buena parte de todos los intentos, fracasados, que se dieron en la historia. No hay nada para inventar, sobre todo no hay ningún éxito que se pueda inventar.
Pero manipular los índices en lugar de controlar los precios es algo novedoso en el arsenal de las políticas intervencionistas. ¿Tienen los mismos efectos? Pues no. Cuando se implementa el control de precios es porque el gobernante quiere recibir los beneficios políticos de garantizarle al votante precios más bajos de los que normalmente existirían. Este es el problema, porque como el precio máximo se fija por debajo del precio de mercado, la cantidad demandada a ese precio aumenta, mientras que la cantidad ofrecida se reduce. Resultado: desabastecimiento. Luego, menos inversión en la producción de estos bienes que, a su vez, profundiza el desabastecimiento. Surgen mercados negros para poder conseguir los productos faltantes con precios incluso superiores a los que había en el mercado antes del control. El beneficio político se agota porque a la gente le gustan los precios bajos, pero de nada sirven si luego no se consiguen los productos.
Si no hubo desabastecimiento generalizado en la Argentina del 2006 es porque el gobierno eligió imponer controles solamente sobre los precios de los específicos productos que se toman en cuenta para armar el índice de precios al consumidor. Es más: importaban solamente los precios forzosamente "acordados" con los productores, sin siquiera preocuparse de ir a verificar que luego existieran productos o servicios a tales precios. La preocupación era el índice.
Pero la nueva etapa de manipulación del índice para que sea sustancialmente más bajo que la realidad es algo diferente. Tiene la gran ventaja que no hace desaparecer a los productos de los supermercados, ya que éstos ahora se venden a sus verdaderos precios y pueden crecer todo lo que la demanda convalide. Hay otras ventajas de este método, pero son todas para el gobierno: la deuda pública que se ajusta por el índice crece mucho menos mientras que la recaudación crece al ritmo de los precios reales. Desde un punto de vista más técnico, podría argumentarse que también reduce las "expectativas inflacionarias" pero, claro, solamente si los actores económicos se lo creen.
He ahí el punto más débil del control de índices. Para que sea útil, tiene que tener un impacto en esas expectativas, sobre todo las salariales; tiene que ser creíble. Empezando por el mismo sector público: si el gobierno lograra que los sindicatos de empleados públicos creyeran en los índices manipulados podría, por ejemplo, otorgarles un aumento de salarios del 10%, mientras su propia recaudación del IVA creciera al 25%, y aumentar el superávit fiscal o el gasto público en otras cosas. Este objetivo, no obstante, se hace difícil de lograr porque los empleados públicos, como todos los demás, también van a los supermercados, alquilan departamentos y pagan otros servicios a los precios reales, no a los virtuales.
Lo mismo sucede con todos los trabajadores y todos los sindicatos. Cuando se negocien ajustes salariales el próximo año, si los sindicalistas aceptan los índices virtuales entonces el gobierno habrá alcanzado un logro, pero el consumo, que el gobierno también alienta dado el alto rédito político que produce, inevitablemente caerá porque el ajuste "virtual" del salario sería en verdad una reducción "real". Dijimos que el control de índices no hace desaparecer a los productos, pero puede hacer desaparecer a los consumidores y el consumo ha sido uno de los motores de la economía durante estos últimos años.
Por otra parte, si los sindicalistas, como parece, no aceptan los índices virtuales, van a demandar ajustes acordes a la inflación real. A los empresarios les quedarán dos alternativas: o ajustan sus propios precios, o verán reducida su rentabilidad a punto de no tener incentivos a producir, y menos a invertir. Muchos tendrán problemas para trasladar esos ajustes porque invitan a la competencia de los productos importados. Las importaciones crecen; las exportaciones caen porque aumentan los costos internos. Las tarifas quedan más atrasadas todavía; no se realizan inversiones; los medios de transporte se caen a pedazos; la electricidad escasea.
Además, se genera otro tipo de problemas: desde la incredulidad general ante todo tipo de indicador público, hasta problemas para decidir la política monetaria. El objetivo del Banco Central es mantener el poder adquisitivo de la moneda. ¿Cómo sabe ahora si debe expandir o contraer la oferta monetaria? Si fuera por los índices oficiales su presidente debería estar feliz, no "muy preocupado".
Por último, hasta trae problemas a los partidarios del tipo de cambio alto, ya que la inflación real lo reduce, aunque según las cifras oficiales éste se estuviera manteniendo.
En fin, la llegada de estos controles de índices tal vez tenga que ver con la aparición y crecimiento de "mundos virtuales" como los de Second Life. Tal vez el gobierno debería abrir una oficina del Indec allí aunque, en verdad, incluso ahí los precios de la propiedad virtual son bien reales.
Por Martín Krause
Para LA NACION
El autor es director de Ciima/Eseade