Mensajepor SMC » Sab Jul 11, 2015 2:47 pm
"Lo que yo temo no es la impureza de los manjares, sino la impureza de mis apetitos" (Confesiones de San Agustín)
En política económica distintas miradas del mundo son totalmente defendibles con sólidas argumentaciones y a la vez cuestionables desde otros ángulos con idénticos razonamientos inversos.
Nuestra historia no obstante está caracterizada por los despojos y latrocinios a los que nos sometieron desde la aplicación de concepciones opuestas, con la particularidad de que provenieron por lo general de una misma corriente política que bochornosamente presume de carecer de ideología, y ya rozando lo obsceno cuando fueron llevadas a cabo por las mismas personas y con total impudicia, apelando a la frágil memoria del colectivo sufragante manipulado por el aparato de propaganda de tintes fascistoides.
Luego es necesario ubicar en su merecido lugar en el podio a los técnicos, los gestores amparados por frondosos currículum que cobraron comisiones por sus "asesoramientos" en cada estatización y también en su posterior privatización, en cada proceso de endeudamiento externo y en el canje y recontracanje cuando asumían impagable la misma deuda que antes colocaron bajo idénticas condiciones que ellos mismos pautaron.
Nuestros mandatarios, esos prudentes administradores de lo ajeno, no son distintos del modelo de "éxito" del mediopelo argento que con su indemnización fundió el parripollo, la canchita de paddle o fútbol cinco y hoy maneja el remis trucho hasta que escupa las bielas por el escape porque ni el aceite le cambia, mientras pierde lastimosamente el tiempo en la mesa de un café y culpa a Rivadavia y la Baring Brothers, aunque en su fuero íntimo crea que se trata de una oscura esquina del microcentro.
Un hombre digno del traje tendría que empezar por decir que no va a cambiar nada, porque se postuló para el cargo llevado por una ideología no por el concepto de mediocridad de José Ingenieros, que coincide con su visión del mundo donde puede corregir desviaciones entre lo ejecutado con lo planeado, con la meta en la línea del horizonte que se corra cada vez más a medida que avanzamos en una similar dirección capitalizando la experiencia adquirida y los recursos estratégicos logrados que aunque probablemente sean bienes colaterales, son tangibles, consciente de que su lugar es importante pero perfectamente sustituíble como la reina en una comunidad de hormigas o abejas.
En síntesis hace falta un líder decorativo, dentro de instituciones fuertes y sanas donde cada uno tenga en claro su función y con la capacidad de trabajar en conjunto para resistir y reparar mancomunadamente el hormiguero ante un ataque exterior. Por algo son, junto a las infaltables cucarachas, los únicos bichos destinados a sobrevivir ante cualquier evento extremo.