Mensajepor Clinty » Mié Dic 20, 2017 4:54 pm
Hoy a la mañana lo escuché a Julio Bazán, cronista callejero ícono de Canal 13, en la cama de un hospital, explicando como lo habían cagado a palos. Bazán toda la vida fue un cronista valiente para meterse en el quilomibo de la calle, pero con discurso demagógico, sensiblero e hipócrita. Siempre cayéndole a la cana y los milicos, con los consabidos motes de Represor, Genocida, Gatillo Fácil y esas giladas que repiten como un mantra. Desde el conflicto K con el multimedios, cayó en desgracia y ahora le tocó a él padecer físicamente, la brutalidad y barbarie de esos lúmpenes y gentuza a la cuál muchas veces defendió, echando pestes sobre el accionar policial. Anteayer, la cana no le tocó un pelo y se tuvo que tragar su hipocresía por parte de aquellos a quienes defendía. Por supuesto que no justifico la maldad y saña en patota sobre Bazán, pero hay mucha hipocresía y cinismo en el periodismo. Sin ir más lejos, el viernes Nelson Castro, con su voz aflautada y maricona, se quejaba de la represión policial contra los vándalos. El lunes, viendo cómo recagaban a palos a su colega Julio Bazán, se quejaba de la inacción policial. Párrafo especial para Larrata, que con su ghandismo de globos amarillos alegre y vital, su onda Zen y de ponerle la otra mejilla al enemigo luego que te abofeteó como Jesucristo, dejó varias horas a la Cana de la ciudad atajando cascotes sólo para que Página 12 y la Pyme de los DDHH no le saltara a la yugular por ordenar la represión. Total él ni su familia jamás expondrían su cuerpo e integridad ante esos malhechores. Un policía parece no tener derechos, se lo presume culpable si reacciona y reprime (deber probar que es inocente, se invierte la carga de la prueba), no tiene familia ni hijos y no le duelen los cascotazos en el cuerpo.