A continuación, sus principales conceptos:
Durante todo este tiempo, pero principalmente después de las PASO, Alberto Fernández habla, habla y habla. Será porque le gusta o porque intentó que su voz, sus ideas y sus planteos fueran el único discurso de la campaña del Frente de Todos. Si esa fue la intención de tanta exposición mediática, ahora empieza a haber cierta fisura en esa estrategia porque en las últimas horas se ha diversificado la palabra dentro del kirchnerismo y se han empezado a escuchar otras voces.
En los últimos días, hubo algunas definiciones de Fernández que llegaron a oídos de Cristina Kirchner. Pueden haber resultado irritantes o haber funcionado como la gota que colmó el vaso y que provocó que la candidata a vicepresidenta activara.
Una de estas definiciones ocurrió el martes pasado, en una reunión importante que tuvo Alberto Fernández con cinco representantes del Fondo de inversión y un banquero de un banco de inversión norteamericano. Allí se le preguntó cuál era el encuadramiento político de su candidatura y qué había que esperar del diseño político de un eventual gobierno suyo. Él dijo tres cosas: que Cristina Kirchner se estaba retirando; que La Cámpora ocupa un lugar marginal; y que con él viene el peronismo, no el kirchnerismo. Este discurso se corresponde con determinadas operaciones políticas tendientes a diversificar su base de apoyo.
Fernández, desde su primer día como candidato hasta ahora, ha intentado atraer e incorporar activos a su cartera. No solo a una cantidad de aliados peronistas, gobernadores y líderes territoriales, sino también a políticos "del otro lado", de Cambiemos. Por ejemplo, ya circula la versión de que Ricardo Alfonsin podría ser ministro en un gobierno de Fernández.
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