ASÍ QUE MUCHACHOS A PONER LOS ZAPATITOS ESTA NOCHE!!, con esta nota que me parecio oportuno pegar
Los zapatos de Reyes
Por: Juan Cruz |
La persona que me regaló hace años los dos zapatos de bronce que guardo entre mis cosas no tenía ni idea de la importancia que tuvo en mi infancia, hace más de medio siglo, un par de zapatos. Era costumbre entre los de nuestro barrio, y supongo que entre los de muchos barrios, dejar unos zapatos en las casas donde esperábamos regalos, y también era costumbre que llevaras esos zapatos a la casa de tus padrinos. Entonces ya yo era muy insistente, y le insistí a mi madre para que me acompañara a la casa de mis padrinos, con un par de zapatos sobre la que ellos deberían depositar los regalos que me trajeran los Reyes Magos, en los que aún creía. Cuando llegué a la casa, aquellos dos señores me recibieron con una jaculatoria que me ha acompañado siempre:
--Niño, ¡esta no es una zapatería!
Y me volví con los zapatos. Entonces me dejaban los Reyes cosas muy estrambóticas, o al menos insólitas; un a vez me dejaron un camión hecho de alambres (en Tenerife decimos vergas), que había fabricado mi hermano, que él mismo pintaba cada año de diferentes colores, para que siempre fuera un camión diferente. Y los suecos vecinos me regalaron una vez el primer coche de juguete fabricado industrialmente que llegó a mi pueblo y que era de color rojo.
Nunca más volví a dejar zapatos, y hace un tiempo que regalaron, precisamente, este par de zapatos que me recuerdan a Dickens y a Chaplin, y que tengo entre mis cosas como un emblema. Lo que no podía saber aquella persona que me regaló este par ni nadie es que de pronto este par de zapatos iba a adquirir este fin de año el carácter metafórico que ahora tienen los zapatos.
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